Ay (ún)

Tras un día así, de tanta tristeza, siguiendo frenéticamente las imágenes y palabras, los recuentos y balances, del malhacer, la violencia y la hipocresía, ¿qué decir?

¿Qué link se podría elegir a modo de resumen? ¿Una foto con sangre o un comunicado con mentiras oficiales? ¿Un vídeo de camiones militares entrando en la ciudad de adobe o la historia de cómo a los periodistas se les da una vuelta más a la tuerca de las mordazas? ¿Balones fuera, planes que se mantienen o familiares que no vuelven a casa? ¿Artículos furiosos que dan en el clavo o imágenes de la desolación?

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Un aparcamiento en el jardín de las Hespérides

En el centro del Tao, el Centro de Interpretación del Tao;

pero en el centro del Centro de Interpretación del Tao, ni gota de Tao”

(T.S. Norio)

Siempre he sido bastante fan de las teorías que mantienen que determinados lugares desprenden una energía especial, alguna clase de mágica atracción, que es la que hace que, siglo tras siglo, época tras época, diferentes pueblos asienten allí sus ciudades, adoren allí a sus dioses, instalen allí mercados o palacios. En ellos, los habitantes tienen sueños peculiares, se producen hechos insospechados, se sienten cosas.

Algunas veces, hablando de ello con gente, hemos tratado de desarrollar teorías. “Habrá corrientes subterráneas de agua”, “habrá alineaciones especiales de estrellas”, “habrá imantaciones o fallas tectónicas o pasos de meridianos”. “Será que la acumulación de las energías a lo largo del tiempo ha generado un campo de fuerzas que se ha quedado ahí flotandoy por eso pasan cosas así”.

Qué sé yo, especulamos así, nos gusta.

El caso es que, llamadme mística, me ha vuelto a ocurrir.

La semana pasada, siguiendo las huellas de una protesta, llegué a la ciudad de Larache, la que a lo largo de las décadas ha sido llamado “perla del Atlántico”, “joya de África”, epítetos variados que cantaran la bondad de sus gentes, la belleza de sus plazas, el azul de su mar. Junto a la ciudad se encuentra el yacimiento de Lixus, que es lo que me llevaba allí.

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“Que un solo traidor puede con mil valientes…”

Estos días están pasando en este país y en lo que no es este país tantas cosas, y tan negras, que le han comido la lengua al gato.

No cree saber ni poder contar nada. Ya tenéis google para los hechos (sólo tenéis que poner “El Aaiún” en su cajita si no sabéis de qué os hablo), vuestra cabeza y de nuevo google para deducir la situación-papel-posición de la prensa y los periodistas en el enredo, y la intuición (sin google ahora) para imaginar todo lo que querría escupir aquí como un minino enfermo de rabia.

Es que hay cosas que son tan grandes y tan feas que una no tiene nada que decir, poco que aportar. “Lo que está a la luz no necesita candil”, responde siempre en estos casos un amigo.

Pero tampoco quiere callarse, el gato. Yo creo que no sabe. Callar es consentir, como asumir que no te enteras es asentir, y no vale.

Total, que, enfadado y triste, sólo se le ocurre dejar por aquí un par de poemas, una canción. Ya sabéis: él habla así.

Y luego  se queda mudo, mirando pa’ dentro, pa’ donde el mundo se pinta de otra manera. (más…)

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Una historia marroquí de amor (por la verdad) y de censura

ARTE Y OFICIO DEL ADUANERO
Nadie es responsable de la clase de poesía que llega a los pueblos sin aduana.
Alguien es responsable de que a los pueblos con aduana no llegue ninguna clase de poesía.
(José Viñals)

 

El otro día, cuando andaba trasteando con los archivos de TelQuel para enlazaros de lo que piensan y pensamos las unas, las otras y las de más acá, me acordé de una cosa que, hace meses ya, quise contaros y luego se me fue pasando. Aunque uno de los dogmas en los que no creo es ese de que pasado el tiempo las noticias ya no importan, en este caso me parecía un poco tarde para contarla hasta desde ese escepticismo.

Desgraciadamente, ahora tengo una excusa perfecta.

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Imilchil: la henna y la tinta (o lo que no nos invitaron a pensar en las clases de ética del periodismo)

La semana pasada el trabajo me dio la ocasión de una de esas aventuras que uno espera tener cuando se viene a vivir a un país como este. El asunto era el “festival de las bodas” de Imilchil, y antes de ir yo había leído cosas básicamente de este palo (aunque también un poco de esto y por suerte esto otro además). Así, sabía que se trataba de la celebración de unos matrimonios colectivos, siguiendo una tradición bereber. Sabía que en torno a eso se organizaba un mercado y, en general, un gran sarao. Sabía algunas leyendas y el nombre de dos lagos. Poco más. Para el resto, mi idea era dejarme sorprender. (más…)

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Lecturas para piquetes

Decían, medio en serio medio en broma, un par de amigos en facebook que “qué fácil es decir que se apoya a la huelga cuando uno trabaja en el extranjero”, como yo.

Tienen razón. Es más fácil.

Pero también es verdad la rabia que da no poder estar ahí, pagando voces con los compañeros, con los amigos.

Por eso, como sabemos o queremos creer que, más allá de despachos vacíos, una huelga se trata de pensar y hacer pensar, me abstraigo un rato desde mi silla giratoria para poder estar, también desde aquí, en este 29-S.

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Lo que piensan las árabes, lo que piensan las marroquíes y lo que ya no sabe una qué pensar

Hace unos días que una extraña polémica sacude (a su extraño modo también) este país.

La cosa vino de la mano de un reportaje en la revista Tel Quel, generalmente considerada como el único signo digno de algo así como un periodismo independiente en Marruecos.

Tema de portada, el reportaje se presentaba así: “LAS MARROQUÍES VISTAS POR LOS ÁRABES. ¿En dos palabras? Brujas o prostitutas”.  En la foto, tres chicas vestidas a la occidental (bueno, a la occidental y como para ir de boda) charlan con dos señores con pinta de jeques que se pasean en carrito de golf por lo que parece un recinto ferial o un hipódromo. “He aquí el cliché grosero en el que en Oriente Medio encierran a nuestras mujeres. Investigación sobre un prejuicio nacional”. (más…)

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Por algo es la ciudad en llamas ;)

Volver a casa es muchas cosas. Muy exótico, como dice Bunbury. Es máquinas del tiempo, y sonrisas siempre, y un poco de porquénomequedo, y las charlas que ayudan a pasar el invierno, y los planes de viajes, y el miedo a crecer, y los viejos amigos -y los amigos nuevos-. La cerveza y el mar.

Y es, cada vez más, que, como dice el Flaco, Oviedo arde. Y las noches, largas, se llenan de versos, se llenan de música. Nuevas cosas que meter al equipaje. (más…)

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Hit the road, Jack

Ventanillas bajadas, clásicos en la radio, días que parecen más largos de lo que nunca podrían llegar a ser, ganas de seguir la carretera sin preguntar a donde hasta que los móviles dejen de tener cobertura, no avisar.

Los viajes, ese extraño recordatorio de viejos deseos.

Aunque sólo duren un fin de semana.

Hit the road Jack. And don’t you come back no more, no more, no more, no more

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Beauty and the Press

-I-

Era la primera vez que estaba un desfile de moda. Nunca antes había visto a una modelo así de cerca, viva, caminando. Iba a ser un poco como entrar en los cuarteles generales de algunas de las cosas que más miedo me dan, pensaba yo.

Lo que nunca pensé es que al ver a esas mujeres perfectas, ejemplares de muestra de la idea dueña de nuestros monstruos de niñas, patrones a cuya medida cortamos el hambre, fantasmas que habitan los espejos, inevitables condicionantes de nuestra autoconcepción (la que esté libre de pecado, que tire la primera galleta integral)… sentiría, antes que nada, una extraña, desoladora, triste, atenazante compasión.

Otro capítulo más de esas cosas que ya sabemos de sobra pero golpean más cuando se ven. Esta vez: “La Belleza No Era Esto”.

¿Qué pensarían ellas, si me hubieran mirado a mí?

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