Lecturas para piquetes

Decían, medio en serio medio en broma, un par de amigos en facebook que “qué fácil es decir que se apoya a la huelga cuando uno trabaja en el extranjero”, como yo.

Tienen razón. Es más fácil.

Pero también es verdad la rabia que da no poder estar ahí, pagando voces con los compañeros, con los amigos.

Por eso, como sabemos o queremos creer que, más allá de despachos vacíos, una huelga se trata de pensar y hacer pensar, me abstraigo un rato desde mi silla giratoria para poder estar, también desde aquí, en este 29-S.

Para empezar, diciendo mis razones para decir IRÍA, que son una mezcla bien batida de las de Almudena Grandes, las de Ignacio Escolar, las de Vicenç Navarro y las de mi amiga Aquaria.

Para seguir, contandoós cómo me quiero enterar, que es pasando de los que ayer por la tarde ya sabía cómo nos lo iban a contar, pasara lo que pasara.

Para enredarnos,  compartiéndoos las dudas que estoy segura que tendría si en vez de una becaria en el extranjero fuera una becaria en la madre patria: los marcos de sentido que tendría por aquello de que ni me paga para quien trabajo ni trabajo para quien me paga; ni, en fin, trabajo -se podría decir, porque “los becarios aquí estamos para aprender”-; ni, en suma, cobro -se podría decir, “porque lo que me dan es una beca, no un salario”-; ni mi paga se divide en días descontables; ni lo que hago se cuenta como tal en ningún balance; ni tengo a quien llamar para decir “apuntadme como ausente” porque no figuro en ningún listado de trabajadores. (Un conglomerado que viene siendo lo más en materia de rizar el rizo). Compartiéndoos, pues, eso: cómo me haría (me hago) las preguntas y algunas pistas para resolverlas.(Actualización: un amigo me aconseja, un ratito más tarde, que no me pierda este fantástico texto de María Ángeles Maeso, que va, también, exactamente de eso: de los paros que no cuentan).

Y, para cerrar, compartiéndoos un poema ad hoc sobre la negra base de todo esto. Es de David Franco Monthiel, ese mismo que nos insta, en su “Bajo los adoquines, los adoquines”:  sé utópica, amiga / y pide lo posible / aunque parezca / que está permitido.

Y, como está enterito aquí, os lo pego tal cual y hoy ya no digo más.

Que, al contrario que yo, este gato aun tiene su sede social en Madrid: y también simpatiza.

SERIE NEGRA

 “-¿Cómo puedes ser tan duro y tan tierno a la vez?
-Si no fuera duro no podría estar vivo.
Si no fuera tierno no merecería estarlo.”
Raymond Chandler: Playback

LAVORO NERO, I

Cobrará por semana trabajada.
Ya conoce el horario. Depende
del trabajo que tenga. No, no hay
prisa por irse. Son quince minutos
de descanso. Allí. Y rapidito.
Pregunte si no sabe. Faena
tenemos para un mes. Luego
ya veremos. Le llamamos. O no.

***

LAVORO NERO, II

Sin embargo, de camino del bar…,
pensé que todo acabaría mal.
Parece absurdo, pero es cierto.
No oía mis pasos.
Eran los de un hombre muerto.
Perdición (1944)

Con calcetines blancos. Sandalias.
Chancleteo. Sombrillas, cárceles de pálidos.
Camisas que te dejan ciego.
Gafas de mercadillo. Hombros despellejados.
Lánguidos pechos. Celulitis desbordante.
Turistalandia.
Doce horas. Mi turno. Esto no terminará bien.
La terraza es un cadalso. Almuerzos.
Propinas de mierda.
El poeta quería ser verano.
Y quiere dormir el sueño eterno.
Los fonemas de hierro
hienden el aire de agosto
como extrañas órdenes.
El poeta quería ser verano.
Esto no terminará bien.

***

LAVORO NERO, III

“¿Tienes un fósforo, nena?”.
Tener o no tener

Limpio las mesas. Barro la tarima.
Sirvo. Doy el fregote. Gusano de ceniza
en el cenicero. Fregaderos atascados.
Restos de lechuga, rodajas de limón,
Raspas de pescado, arroz seco.
Nube de pringue. Dame un trago, vuelca
lo que queda y hoy una botella del almacén.
Siento mucho el error. Muchísimas gracias.
La lista, la basura, reponte aquí,
Dame un billete. La espalda me mata.
Me usan. En los husos horarios
del esclavo. Llevo un póquer. De domingos.
La jerarquía del bochorno. Perdimos.
No es nada. Sólo es el estío que cae
sobre mí como una estación encadenada.

***

LAVORO NERO, V

No es que ellos tensen la cuerda,
los nudos de hierro.
Sucede
que tú aflojas.
Y aflojas.
Y no dejas de aflojar.
Y ellos la van recogiendo.

***

LAVORO NERO, VI

Estábamos en la mira/ la lista,
en todas las apuestas. Los demás
callaban. Nos dejaron solos.
Les gritamos. No escucharon.
Se guardaban las espaldas.
Tengo hijos. Mujer. Deudas.
Como todos. Pero ahora no.
Miraban a otro lado. Callaban.
El friso de sus rostros en silencio.
Estantería de miedos, anaquel
de ceños vendidos. Mientras,
alguien dio el aviso. Venían.
Quedaba un cuarto de hora
para salir.
Para salir de aquí.

***

LAVORO NERO, VIII

El teléfono suena. No: Es mi jefe.
Necesito una copa. Quizá dos.
No descolgar. Rodear su cuello
con cáñamo seco y patear su sillón.
No coger el teléfono. Coger un arma.
Armarme de valor. Valorar la huída.
Encender un cigarrillo.
Engañar a mi mujer.
Ser padre. No contestar.
No contestar. Alojar una bala
en la garganta que aguarda al otro lado.
La policía. Otra estadística. Una noticia.
Ser un breve junto
a una oferta de trabajo.

-Diga.

***

LAVORO NERO IX

¿Baja por maternidad? No, cariño,
yo siempre he medido lo mismo
desde que tengo hijos. Di la talla.

Y les tengo que dar de comer.

***

LAVORO NERO, X

Si te gusta, bien. Su voz se endureció.
Encendió un cigarrillo. Recordé
su último despido. Empapeló sin palabras.
Posó la mano sobre el hombro. Fuera,
susurró. Deseé abalanzarme y destrozarle.
Decidí aguantar. Necesitaba la pasta.
Ya vendrán tiempos mejores. Seguro.
Tengo a cien que querrán sustituirte.
No tengas paz en cien horas. Cien meses.
Se giró.
Y si no te gusta, ahí tienes la puerta.

(David Franco Monthiel)

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