Una madeja de hermosas preguntas

Estamos que lo tiramos, los catálogos no se paran de renovar 😉

En estos días de estreno, ha salido también a vuestro encuentro (aunque no lo sepáis todavía) el número 1 de La Madeja, la revista feminista que se apañan para sacar adelante un trío de heroicas mosqueteras desde la asociación Cambalache.

Y está mal que yo lo diga, pero lo ha hecho con un elenco de excepción. (más…)

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Abdellah Taia, los muchos Marruecos y una zona libre

Desde que llegué aquí  había escuchado y leído mucho acerca de un tal Abdellah Taïa. Escritor declaradamente homosexual, más conocido casi por lo segundo que por lo primero, me contaban de varias novelas relativamente fáciles de encontrar y de unos supuestos libros de poemas cuya existencia fantasma no he logrado aun volver tangible. Escritor marroquí residente en París, leía sobre él en periódicos y revistas, escuchaba su nombre en conversaciones.

Hasta hace un par de semanas, la verdad, no había encontrado la ocasión de empezar uno del par de sus libros que tenía esperándome en el montón de “pendientes”.

Leí, me interesó. Y por esas cosas de las coincidencias, el pasado jueves mi librería rabatí favorita (que resiste ahí cerquita de la entrada de la medina, albergando en un lúcido caos todo tipo de cosas bajo el sugerente nombre de Kalila wa Dimma) organizaba una presentación de su último libro.

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El poema que en realidad era una lista

El otro día estuvimos jugando en facebook a algo divertido. Pronto, cuando las tareas apremien menos, dejaré por aquí los resultados.

Por ahora, no resisto la tentación de compartiros uno de los descubirmientos que más le agradezco al experimento. Un amigo me dio la pista de este poema, el poema que era en realidad una lista.Lo habré escuchado no menos de diez veces desde entonces.

Luego, googlea que te googlea, encontré otras cuantas cosas suyas, descubrí que la chavala es todo un figurón del recitado londinense, una especie de superstar del slam medio-oriental-medio-modernito cuyos libros no hay quien encuentre para saciar la sed porque se ve que prefiere no dejar huellas más que en las memorias.

Está bien, lo que encontré. Pero para nada tanto como este poema que no paro de escuchar, en bucle, como una oración que permitiera entender algo.

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Orgullo de ser gato

Resulta que, este fin de semana, el gato no ha estado solo. Una amiga que se iba de viaje le dejó al cargo de un cachorro de pequeña minina, de un aprendiz de gata hiperactiva y mordedora. Se llama Coco y nos ha enseñado muchas cosas, a su congénere de tres patas y a mí.

Porque no estamos muy acostumbrados por aquí a tratar con otros animales, y eso permite que todo lo que vemos nos asombre. Sus andares elegantes y su forma divertida de estar siempre como a punto de cazar.

Total, que el de tres pies lo lo ha estado pensando y ha apuntado algunas cosas del estudio etológico que le han parecido relevantes. Así como al vuelo.

Cosas que le han hecho estar orgulloso de ser gato también.

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Un par de fotos de Aid El Kebir

Me pregunto a menudo qué es lo que nos gusta de vivir en el extranjero, lo que nos seduce de empezar de nuevo de cero de tiempo en tiempo en una ciudad donde el idioma, las calles, los sabores, nos son extraños.

Las más de las veces, me contesto que es la cotidianeidad de la sorpresa. Vivir en lo desconocido activa un no sé qué de las hormonas y las alertas que nos tiene más abiertos a cualquier cosa, más en vilo ante lo nuevo, más dispuestos al experimento y la aventura. Habitar un lugar en el que lo diferente es norma, en que lo otro se encarna a cada paso, tiene el encanto seductor de que todos los días se pongan patas arriba las certezas. Que en todas las tareas rutinarias haya que cuestionarse un automatismo aprendido, que en cada frase hecha se aprenda una verdad popular y necesaria.

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¿Tú no has visto nada en Hiroshima?

“Tú no has visto nada en Hiroshima”, decía incansable el hombre de Hiroshima, mon amour mientras nos perdíamos mirando planos perfectos de texturas de piel. “Tú no has visto nada en Hiroshima”. “Tú no has visto nada en Hiroshima”. “Tú no has visto nada en Hiroshima”.

Ella respondía: “Lo he visto todo”.

He pensado en eso esta semana.

Porque escuchaba, incansable, decir, todo el tiempo: “tú no estás viendo nada en El Aaiún”. (más…)

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Ay (ún)

Tras un día así, de tanta tristeza, siguiendo frenéticamente las imágenes y palabras, los recuentos y balances, del malhacer, la violencia y la hipocresía, ¿qué decir?

¿Qué link se podría elegir a modo de resumen? ¿Una foto con sangre o un comunicado con mentiras oficiales? ¿Un vídeo de camiones militares entrando en la ciudad de adobe o la historia de cómo a los periodistas se les da una vuelta más a la tuerca de las mordazas? ¿Balones fuera, planes que se mantienen o familiares que no vuelven a casa? ¿Artículos furiosos que dan en el clavo o imágenes de la desolación?

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Un aparcamiento en el jardín de las Hespérides

En el centro del Tao, el Centro de Interpretación del Tao;

pero en el centro del Centro de Interpretación del Tao, ni gota de Tao”

(T.S. Norio)

Siempre he sido bastante fan de las teorías que mantienen que determinados lugares desprenden una energía especial, alguna clase de mágica atracción, que es la que hace que, siglo tras siglo, época tras época, diferentes pueblos asienten allí sus ciudades, adoren allí a sus dioses, instalen allí mercados o palacios. En ellos, los habitantes tienen sueños peculiares, se producen hechos insospechados, se sienten cosas.

Algunas veces, hablando de ello con gente, hemos tratado de desarrollar teorías. “Habrá corrientes subterráneas de agua”, “habrá alineaciones especiales de estrellas”, “habrá imantaciones o fallas tectónicas o pasos de meridianos”. “Será que la acumulación de las energías a lo largo del tiempo ha generado un campo de fuerzas que se ha quedado ahí flotandoy por eso pasan cosas así”.

Qué sé yo, especulamos así, nos gusta.

El caso es que, llamadme mística, me ha vuelto a ocurrir.

La semana pasada, siguiendo las huellas de una protesta, llegué a la ciudad de Larache, la que a lo largo de las décadas ha sido llamado “perla del Atlántico”, “joya de África”, epítetos variados que cantaran la bondad de sus gentes, la belleza de sus plazas, el azul de su mar. Junto a la ciudad se encuentra el yacimiento de Lixus, que es lo que me llevaba allí.

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“Amapización”

El otro día vi, en el siempre interesante blog en el que Javi Triana nos cuenta su vida en Keniaeste post que nos recuerda algo que todos los días olvidamos. Conocía el segundo de los mapas, pero no el tercero, que tan bien ayuda a entender.Por eso, cuando volví a verlo, y con más detalles, en el facebook de un amigo, no me resistí a traerlo por aquí. Para que sepamos todos cuál es realmente el peso del suelo que piso. (más…)

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