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ELECCIONES GENERALES. DÍAS 13 (CORUÑA – VALLADOLLID), 14 (SEVILLA) Y 15 (MURCIA – VALENCIA) DE CAMPAÑA – Al final del mitin

Al final no lo pude evitar: se me amontonaron los días. Los tres últimos se quedaron sin diario. Ahora son las once de la noche y acabamos de subirnos a un autobús que nos lleva a casa, tras cerrar la campaña en Valencia. Cuando den las doce empezará la jornada de reflexión, y como los ritos de final son tan importantes como los de inicio, la quiero respetar. Respetar la jornada de tregua en la que descansamos antes de empezar otra aventura, que por ahora es toda incertidumbre.

Por eso, uno los tres días pendiente en un solo post, para contaros algo que no quiero dejar sin contar: lo que ocurre al final del mitin.

Tal vez se puede fingir la risa, la sonrisa. Tal vez se puede fingir el placer, el enfado, el amor. Se pueden fingir la ira, la inteligencia, la comprensión. Se puede fingir el dolor y la tristeza.

Pero estoy casi segura de que la emoción no se puede fingir. Los ojos que brillan no se pueden fingir. El temblor que no se ve no se puede fingir. El desborde de sentimientos que amenaza con aflorar no se puede fingir.

Es solo un momento, pero un momento largo, cuando termina el mitin. Lo que dura la sintonía. Los candidatos se cogen de los hombros, arriba del escenario, y en sus ojos que miran a las gradas se transparentan la emoción y el vértigo. Desde abajo, los equipos respiramos aliviados (“otro escollo salvado”) y nos dejamos emocionar también. La gente se agolpa a los pies del escenario, hace fotos, lanza regalos, intenta que los niños trepen para tocar a Pablo. Dos minutos cuarenta y cuatro. No es mucho tiempo. Pero todas las lágrimas acumuladas tienen permiso para salir ahí.

En cuanto acabe la sintonía, estaremos de nuevo en alerta: organizar la salida, localizar el autobús, escribir las notas, ver qué pasa a continuación.

Pero en esos dos minutos cuarenta y cuatro, inevitablemente, las imágenes del camino hasta aquí nos abruman, y nos permitimos por un momento el orgullo de la misión cumplida. Mirar alrededor, ver las pancartas, las sonrisas, las manos entrelazadas, la ilusión entregada, y decir: “la hostia, no podemos fallar”.

En eso es en lo que nos diferenciamos. No estamos diciendo eslóganes, estamos poniendo nuestra verdad a todo esto. Estamos trayendo nuestra vida a todo esto. Somos gente normal a la que le ha ocurrido estar aquí, y cuando te das cuenta de la magnitud del torrente que se ha desencadenado, es emocionante.

Ha acabado la campaña. En unas horas este bus llegará a Madrid. El próximo diario que escriba en este blog quizá será un diario del Parlamento.

Vosotros, que me venís leyendo estas semanas, lo sabéis: digan lo que digan los flashes y los foco, lo verdaderamente importante es lo que está después, detrás, del mitin.

Suena la sintonía.
Cierro los ojos.
Esta emoción no la podría fingir.

Esto cierto es lo que somos. Por esto es por lo que (pase lo que pase) hemos logrado, pese a todas las dificultades, llegar hasta aquí.

(La fotaza, de Dani Gago. Como siempre, para un repaso en imágenes de estos días, muchas más aquí). 

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