Deberes de fin de semana

Aunque, para mi descontento, ninguno de los tacos de apuntes que le tocan a este fin de semana pone en la portada algo así como “del mundo árabe”detrás del genérico “Relaciones Internacionales”, como yo también soy una chica dispersa, con nada he aprendido más en estos días que leyendo este artículo, largo como solo puede ser uno que llegue al correo en domingo, sobre las formas de los movimientos políticos islámicos.

Siempre existe una tendencia recurrente a la simplificación del debate según líneas ideológicas pertinaces que enmarcan a los protagonistas políticos islámicos en categorías fijas incapaces de transformarse política e ideológicamente. En la actualidad, el movimiento islámico tiene, prácticamente, ochenta años de existencia en Oriente Medio. Imaginarlo como un conjunto unido, homogéneo y sin diferenciación, equivale a suponer que la izquierda abarca un amplio espectro que va de los veteranos de la banda Baader a Tony Blair, o que la derecha es un todo homogéneo que une sin matices a la democracia cristiana alemana y a los neofascistas italianos. Hay una historia de las derechas y una historia de las izquierdas. Y también debe haber una historia de los islamismos, ya que este referente político se ha pluralizado considerablemente. El ejemplo de las recomposiciones políticas en el Oriente Medio árabe y la aparición de un islamismo político de tipo nacionalista con apertura hacia las izquierdas y hacia los movimientos nacionalistas árabes, no pueden menos que plantear algunos interrogantes teóricos y políticos. (leer todo)

Así que con esos interrogantes hay que ponerse. Que pocas cosas hay más dañinas que el reduccionismo, y, en este tema, no se sale casi nunca de esta trampa.

Resulta, lo admito, un poco denso a ratos, pero… ¿no será porque nada de lo que nos cuentan nos suena? Y entonces, ¿no será señal de que lo mismo hay que hacer el esfuerzo? Y tal.

A lo mejor sólo porque uno de nosotros lo lea hoy, hay alguien menos que se identifica al leer aquello de me han cerrado todas las puertas/todas las cortinas/ni un pañuelo de azul/ni un puñado de estrellas… (no, la elección de los versos NUNCA es baladí. Indagad, que algo queda). 

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