Esta foto no me representa (#SinMujeresNoHayDemocracia)

(Esta mañana me levanté con un runrún y publiqué, así a las bravas, esta reflexión en facebook. Hay quienes me pedían un enlace más compartible, así que por aquí lo dejo, por si pudiera ser de utilidad).

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Lo de la paridad, como casi todo, yo tardé un poco en entenderlo. Me parecía al principio, como a tantas, que eso de “entrar por cuota” en los sitios era un poco hacernos de menos, un poco la desconfianza de regalar lo que no se puede alcanzar por derecho. Luego entendí que ahí estaba la clave: “por derecho”. Entendí que hay una cosa llamada estructuras, una cosa que no se llama “hándicap histórico” pero igual sí que se podía llamar así. Fui haciendo poco a poco (y en esto tienen radicalmente que ver las vivencias en dos ámbitos: la literatura y la política) el caminito que lleva a que sea imposible ver esta foto y que no me extrañe, imposible ver esta foto y que no me preocupe, imposible ver esta foto y que no me cause cierta repulsa.

Hoy escuchamos sobre todo una frase: “se hace gobierno con los más adecuados, no importa si son hombres o mujeres”. Bien: ante la idea de que los más capaces para una tarea crucial pertenecen, todos, a una misma mitad de la población, caben dos hipótesis:

Hipótesis 1: que sea cierto. Los mejor preparados y más capaces para sacar adelante un país que está en el hoyo son todos parte de la misma mitad de la población. En ese caso, el problema es mucho más grave que una cuestión de representación. En ese caso, habrá que preguntarse muy seriamente qué obstáculos impiden contundente e insalvablemente a la otra mitad de la población alcanzar esas cotas de excelencia, qué desigualdades de base están marcando esa brecha. Y tratar, evidentemente, de resolverlas, para no estar cometiendo una injusticia de bulto. Y como la gente raramente renuncia a sus privilegios por propia iniciativa, va a estar complicado que esto ocurra si esa mitad no forma parte de quienes toman las decisiones. ¿No?

Hipótesis 2: que no sea cierto. Los mejor preparados y más capaces para sacar adelante un país que está en el hoyo NO son todos parte de la misma mitad de la población. En ese caso, seguramente lo que ocurre es que los criterios que se están manejando no son necesariamente los adecuados. Quizá no se están teniendo en cuenta (solo) los conocimientos, las habilidades de gestión, la inteligencia o la capacidad de trabajo; sino también (o sobre todo) la habilidad para alzar la voz por encima de la media, la disponibilidad de tiempo para conciliábulos y círculos informales de decisión o la costumbre de hablar más aunque no necesariamente se tenga más que decir. En definitiva, la agilidad para moverse en las dinámicas de poder. En ese caso, no estaremos hablando de capacidades, sino de inercias, y de falta de voluntad política para superar esas inercias, para buscar un poco más allá de lo que reluce a simple vista.

Muchos filósofos y politólogos lo han dicho: lo que permite garantizar que la democracia y el Estado de derecho se den de hecho es que existan leyes por las cuales la justicia se cumpla con independencia de la virtud de quienes estén en el gobierno. Ayer una compañera decía: esto no pasará en España, pero no porque tengamos un partido invenciblemente feminista, sino porque tenemos una ley que garantiza la paridad en las instituciones.

Ya os digo, yo tardé en entender el concepto. En aceptarlo.
Hoy entiendo que era una cuestión de miopía y de soberbia.
Sea cierta la hipótesis uno o hipótesis dos (aunque yo tengo mi apuesta), me temo que no estamos para confiar en la virtud del gobernante, por si acaso (que luego las inercias y las prisas y las prioridades). Mejor que esté garantizado por ley.

Porque mira que estoy contenta por el triunfo de la izquierda. Pero esta foto no me representa.

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