Nos sobran los motivos (Cómo hace huelga un gato)

Dicen los compañeros de La Tuerka, anunciando su cobertura de mañana: “el 29M, no trabajamos, pero militamos”. Nos identificamos con ello. Por eso, el gato quiere aprovechar la huelga para pensar. Mañana nos sumaremos al paro de consumo con el que se propone desde diversos sectores acompañar al de la producción, y no emplearemos Internet ni los teléfonos más que para lo imprescindible. (Lo imprescindible: leer lo que nos ayude. Lo imprescindible: encontrarnos con los compañeros en las calles. Lo imprescindible: informarnos bien). Por eso, os dejamos esta misma noche por aquí estas reflexiones: la palabra siempre ha sido el modo en que más útiles nos parece que podemos ser, este gato y una, en cualquier piquete.

Hay una cosa molesta con las huelgas: que obligan a centrar nuestro pensamiento político en el trabajo. Nosotros no centramos nuestro pensamiento político en el trabajo: nos importan probablemente tanto como él, si no más, la ciudad y los modos de habitarla, los afectos, el espectáculo, el saber, los ritmos, los discursos. Sin embargo, sabemos que la precariedad laboral es el signo de los tiempos, y no olvidamos la marxiana idea de que todo eso otro -ciudad, afectos, discursos- depende radicalmente de la vida laboral, se imbrica con sus circunstancias de manera irreversible.

Por eso, nos ha parecido que seguir esta huelga debe ser pensar sobre el trabajo: qué es para nosotros, qué no queremos que sea, quién queremos ser en/desde/para él, cómo nos vive, qué nos preocupa. Qué vamos a gritar en la manifestación.

  • Porque trabajo es para nosotros este deambular de beca en oficio temporal, de oficio temporal en colaboración precaria, decimos no a esta reforma laboral que avala y eterniza la situación de inseguridad de quienes tratamos de hacernos un hueco en el mundo del currar.
  • Porque, como para todos, parte de nuestro trabajo es inevitablemente el que tiene como fin pagar aquello sin lo cual no se vive, reivindicamos una justa proporción entre el tiempo y esfuerzo dedicados y el salario que se recibe.
  • Porque, como para muchos, parte de nuestro trabajo es por amor a las artes varias que nos ocupan, reivindicamos apoyo institucional a los proyectos que lo valgan, que no haya recortes basados en interesadas y mentirosas clasificaciones de lo que es necesario y superfluo, que se ayude a ofrecer lo que de bueno podamos hacer.
  • Y, sí, en ese sentido, porque parte de nuestro laburo es volátil como las metáforas, los cuidados y el pensar, nos parece que hay que acordarse de nuevo de la idea de la renta básica, para que no haya que renunciar a lo que no renta.
  • Porque nuestro trabajo se hace con palabras, deseamos y esperamos que no nos corten, que nunca nos corten, las palabras. Pensar en ello no nos parece exagerado: cuando empiezan a reducirse libertades, los límites de lo posible se desdibujan.
  • Porque nuestro trabajo tiene por cadena de producción un ordenador, hoy, ni blog, ni facebook, ni twitter, ni nada. Decimos: ¡paren teclas!
  • Porque trabajo es también para nosotros el de los amigos, estamos enfadados. Porque nuestros amigos no tienen trabajo. Porque nuestros amigos no cobran por su trabajo. Porque nuestros amigos están perdiendo la esperanza de que la cosa laboral cambie.
  • Porque trabajo es también para nosotros el de nuestros mayores, estamos enfadados. Porque parece que lo que pelearon no sirviera.
  • Porque trabajo es también el fin de la jornada laboral, queremos que al salir de la oficina todo el mundo tenga una casa a la que irse a gusto.
  • Porque trabajo es también la jornada laboral, queremos que no sea eterna.
  • Porque nos gusta nuestro trabajo, queremos que nadie sufra cuando suena el despertador. Vale, quizá esto no sea posible. Pero que si sufre, sea solo por la pereza, y no por a dónde va.
  • Porque a veces no nos gusta nuestro trabajo, queremos que no sea de locos decir «lo dejo».
  • Porque no nos gusta que nos tomen el pelo, pedimos que se abola de los vocabularios la frase «tengo ahí a la puerta trescientos como tú».
  • Porque trabajo es también el que ejercimos y quizá volvamos a ejercer, una lanza por los periodistas. No defenderemos nunca las malas prácticas que juegan con la verdad, pero entendemos que el rigor es difícil sin medios para procurarlo.
  • Porque trabajo es también donde lo ejercimos y quizá lo volvmaos a ejercer, un poco de atención también a los expatriados: que vuelven a España y no tienen ni seguridad social.
  • Porque un día trabajo se conjugará también para nosotros en pasado, pensamos en las pensiones. Derecho a descansar.
  • Porque dos trabajos nos parecen particularmente imprescindibles, la medicina y la enseñanza, pedimos que se cuide particularmente a nuestros doctores y nuestros maestros. Porque si ellos no pueden, nosotros no vivimos. Porque eso no hay dinero que lo pague, porque eso no se puede ni debe cobrar.
  • Porque trabajo es para nosotros estudiar, pedimos becas. Pedimos un estatus decente para los investigadores. Pedimos que se valore el saber, y no la ignorancia. Pedimos que se ayude a saber más.
  • Porque trabajo es para nosotros AISH, hoy nos unimos. Orgullo de nuestro equipo.
  • Porque trabajo es para nosotros la poesía… hoy trabajamos. (Poesía no es producción. Poesía no es consumo. Poesía es una forma de devolver su dignidad a la labor).
  • Porque trabajo no es una palabra unívoca, que no nos digan que lo es. Otro curro es posible.
  • Pero el patrón es el patrón. Patrón, no seas patrón, no te hagas el tonto. En el barco vamos todas.
  • Porque muchos vienen a trabajar desde otros sitios, hospitalidad. Porque muchas trabajan en casa, respeto. Porque muchos no cuentan, escucha.

Sí: para poder pensar, mañana, en la ciudad y los modos de habitarla, los afectos, el espectáculo, el saber, los ritmos, los discursos, pensemos hoy en el trabajo.

Pero pensemos hondo, que eso es lo que no quieren. Que eso es lo que no nos dejan hacer, con tanta crisis, con tanta reforma, con tanto siéntete-afortunado-si-tienes-dónde-trabajar.

Porque el trabajo no lo es todo, NO a todo lo que hace que en nuestras cabezas tenga, de puro agobio, que serlo.

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