Ésa que

Hace ya algunos meses que recibo cada día un poema (o unos cuantos) de parte de Poezibao.

Algunos días me gustan tanto que inundo las bandejas de entrada del correo de mis amigos dándole a FW.

Y otros, como hoy, me gustan tanto, tanto, tanto,  que dejo todo lo que estoy haciendo (y anda, que será por cosas que hacer) para ensayar una traducción veloz y pedirle a este gato que os la vaya a cantar.

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La shisha perdida

Los caminos de los medios son inescrutables. Con esto de trabajar para una agencia, se acaba entendiendo bien hasta qué punto. A veces, uno escribe un reportaje que le parece totalmente prescindible, una noticia anecdótica, una crónica de no mucho interés, y unos cuantos periódicos se hacen eco, una cantidad exponencialmente mayor de páginas web la copia al instante, y google devuelve cientos de resultados cuándo se le pregunta qué tal destino tuvo el escrito.

Otras veces, un trabajo currado no obtiene ninguna repercusión. Pero en fin, eso ya lo sabíamos.

El caso es que a veces se entiende bien por qué. Lo que vende y lo que no, esas cuestiones. Las palabras clave y las afinidades de cada cual. Pero otras veces no. Otras veces ocurren cosas de lo más inesperado y uno deja de entender. Las normas aprendidas de lo que sí y lo que no se resbalan, y perdemos la porra que habíamos hecho contra nosotros mismos. La entrevista con filón se queda fuera y la crónica sobre váteres sucios triunfa que no veas.

Pero lo que nunca, nunca, nunca, me había pasado todavía, es que nadie, pero que nadie, nadie, comprara uno de los textos que sacaba por aquí. Ni siquiera adn.es o terra.com, bajo cuyo nombre parecen esconderse robots que suben inmediatamente a sus bases de datos toditotodo lo que pasamos al hilo de la Efe.

Y de una manera tan inesperada, además.

No me malinterpretéis: en general me da exactamente igual que se publiquen o no. En el top three de mis trabajos preferidos no ha habido ninguno que se vendiera bien.

Es por genuina extrañeza por lo que os lo cuento. Vamos, que yo pensaba que esta era “de las que sí”, que habría apostado por ella en la carrera de perros de las entradas de google.

Y mira, no. Y aunque sólo sea por eso, de pronto la quiero un poco más.

Así que nada, pasado un tiempo prudencial, por aquí os la dejo.

Porque me parece que, a su manera, también cuenta un poquito el país, como un pequeño Aleph de esos que me gustan.

(A ver si va a ser eso.)

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Djemaa El Fna

La plaza de Djemaa El Fna es seguramente uno de los motivos que me hicieron volver a Marruecos, elegir vivir aquí.

“Amo a esa plaza como si fuera una persona”, decía el otro día una amiga que la conoció a la vez que yo. Yo no. Yo no la amo. No la entiendo, no confío en ella y no la extraño cuando no está. Pero sí que es para mí uno de esos mágicos seductores que, cuando se tienen delante, invitan a abandonar todo raciocinio y destejer el hilo de la realidad para abandonarse en sus brazos. Sin condiciones, sin cortafuegos. (más…)

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