No se puede confiar en las nubes de ceniza

Por eso, ya estoy de vuelta en Rabat.

Ahora, disfruto de leer los libros que me traje, y de tener más fuerza y alegría que antes.

Gracias, gente. Tan poco tiempo y sin embargo tantas cosas -como siempre-. Qué suerte tengo.

LA CONVERSACIÓN DISCURRE ENTRE AMABLES MUESTRAS DE AMISTAD
y optimismo
a pesar de la innumerable lista de desaprensivos chivatos
y de la ausencia de desarrollo sostenible
a pesar de las en apariencia suaves circunstancias
y de la neurótica conversación entre semejantes
carente de importancia comparada con cualquier comentario
de uno de mis amigos
los que buscan con alegría los caminos desandados
los que colman de agua dulce el fondo del mar
los que llenan de materia
los espacios vacíos entre átomo y átomo
los que hacen de la poesía un acto cotidiano
y de la cotidianeidad
un verso esquivo con ansia de nudo-

aquellos que hacen de la vida un gesto de libertad
mientras otros se afanan en la destrucción del planeta
o en las bombas de racimo
o en la desaparición de los pueblos
o en el exterminio de las luces
o en el suicidio colectivo-

la conversación discurre entre guiños de mutua confianza
y cariño
así sea por siempre
sagrada la amistad-

(De Pedro del Pozo, en “Distancias”, recién salido de los hornos de las imprentas de Baile del Sol, esperándoos en las librerías para endulzaros las luchas)

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