Instrucciones para despedir una ciudad

Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas a donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue

(Hemingway)

Si organizas una cena de despedida, procura que el Papa interrumpa la circulación. Así podrás llegar tan tarde que nadie olvide tu reputación, y ver de paso una última vez todas las luces de la ciudad mientras buscas desesperado un puente que pueda cruzarse sin que lo impida tanta, tanta policía.

Pero sobre todo camina. Camina semanas antes, camina hasta que los pies reconozcan solos todos los pasos. Hasta que no quieras más. Recuerda en puntos clave todos los amantes que hayas tenido en la ciudad e intenta asimilar la textura de sus pieles a las de la ciudad, las formas de sus cuerpos a los recovecos urbanos (alguien que sabía como deben saber las piedras gastadasde la Conciergerie, alguien que tocaba como toca la oscuridad en Chateau d’Eau, alguien tan furtivo como sólo puede serlo el río).

Bebe, brinda por Hemingway -por ejemplo-. Come, porque también de clichés vive el recuerdo, y te gusta el queso, te gusta el vino.

No veas a demasiada gente. Para qué sirve ya. Mejor apáñatelas para arreglar tus propias cuentas, contigo, con tu sombra. Luego lanza al aire una escalera de cuerda, para marcar un punto de partida a todas las huidas que te falten.

Déjala desplegada y no digas a nadie dónde.

Lee ávidamente un libro que suceda lejos, muy lejos, tanto que no tenga nada que ver. Y al mismo tiempo otro que parta de la plaza del Panteón.

Si alguien se deja, vuelve a hacer el amor frente a las mismas ventanas.Compra tantas cosas que no quepan en ninguna parte, mételas en un saco y envíalas. Poniendo mal la dirección.

Y luego conjura una tormenta. Que llueva como no ha llovido nunca. Quédate en casa y mira.

Y desde luego, al irte, no gires la cabeza: si algo le sobra a esta ciudad, ya son estatuas.

4 thoughts on “Instrucciones para despedir una ciudad

  1. Me has dejado así :O.

    Y vas a permitirme que me quede este texto para siempre, que tantos buenos consejos juntos merecen y necesitan estar cerca (como instrucciones para salvar la morriña eternamente).

    ¿Próxima parada, señorita?

    muá!

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