PERO TAMBIÉN (escenas marroquíes)

[Artículo publicado en el número 2 de la revista feminista La Madeja (Cambalache, noviembre de 2011), dentro de su monográfico sobre “Cuerpos”].

Los vi contar
Les dije
No hay cuenta de la sensualidad
Hay cuenta de las víctimas
solamente

(Abdallah Zrika)

(OBERTURA)

Dicen las agencias turísticas: «despierte sus sentidos en Marrakech».
Dicen los periódicos: «burkas a la puerta de Europa».

O bien:  especias, olores, arena entre los dedos, índigo tuareg, naranja de las murallas.
O bien: basura en las calles, kamikazes en llamas, apretados velos.

Pero hay otro viaje.


(INTERIOR: HAMMAM)

Los grifos nunca se cierran, se anuncien bodas o muertes. Se embadurna la piel con henna y se escudriña el tamaño de las caderas de la prometida de tu hijo.

Niñas corren, patinan entre el agua. Los niños podrán quedarse hasta que mamá descubra en sus ojos resquicios de algo nuevo al mirar alrededor.

Alrededor: carne desnuda, bamboleante carne desnuda, piel mojada, un catálogo vivo de las formas del cuerpo femenino.

Una anciana de pechos inmensos o una bella joven cuya soltería adivinas porque aun no se depila las piernas vienen a exfoliarte con un guante de crin. Golpecitos en la espalda muestran qué postura debes tomar ahora. Te estiran los brazos, te desenredan el pelo.

La vulnerabilidad de los poros abiertos.

Una empleada negra coge dos cubos vacíos, los golpea al ritmo de una canción popular.  Alguien se hace la cera en un rincón, alguien se lava los dientes sobre el desagüe, una embarazada se unta de gel la turgente barriga.

Mareada y purificada, al volver a salir a la calle parece que lo irreal es esa otra tramoya de cuerpos vestidos, ese ocultar.


(INTERIOR: SALÓN DE BELLEZA)

Dios se cuela en las peluquerías: algunos preceptos para que no haya nada de menos, nada de más.

Aisha relató que el Profeta dijo:

Hay diez cosas las cuales dicta la religión natural: recortar el bigote, dejar la barba crecer, usar una ramilla para limpiar los dientes, aspirar agua (o pasarse agua por la nariz durante el udú), cortar las uñas, limpiar los nudillos de los dedos, depilarse los vellos de las axilas, rasurar el vello púbico y limpiarse con agua (después de hacer las necesidades).” El narrador dijo que ella olvidó la décima. (…) Una mujer puede quitarse todo el vello corporal, como el de los brazos o las piernas, si considera que eso la hará más bella, pero debe dejar aquello que la hace bella, por lo que está prohibido que se afeite la cabeza. (…) Repudia el Mensajero de Allah a las que se hacen tatuajes y las que los realizan, las que se depilan las cejas y las que las depilan, las que se afilan los dientes para embellecerse, los que cambian la creación de Allah.


(EXTERIOR: ESCAPARATES)

¿La ropa está hecha para ocultar el cuerpo, o para mostrarlo?

En Madrid, París, Londres, se diría que mostramos. Pero sólo vemos shorts, stilettos, vestidos de Armani o de Zara, botas altas, botas bajas, colores combinados.

En Rabat, Casablanca, Fez, se diría que ocultan. Pero entre las chilabas adivinamos formas, vemos manos, labios, resalta el kohl entre la tela.

Belleza en Madrid: tus formas no deben sobresalir del tamaño de la ropa de temporada.
Belleza en Rabat: donde la ropa te aprieta, la carne que se insinúa.

Aunque, por supuesto, también: María ríe sin preocuparse del vaivén de su escote; Miriam se ajusta recatada el borde del pañuelo al borde del otro pañuelo con un alfiler de oro.

En lo profundo de la antigua medina, en un puesto regentado por hombres, una mujer cubierta por completo elige de entre un montón de sujetadores cuál llevarse. Cada vez que encuentra uno que le convence, lo mira ostentosamente, elevándolo como si quisiese ver los encajes al trasluz.


(INTERIOR: CASABLANCA FASHION WEEK)

Marruecos ya tiene su propia pasarela de moda. Casablanca Fashion Week, para quienes van más allá del caftán.

Dijo el responsable a la prensa:

Mostrar este tipo de trabajo es importante, porque con él se pasa del estado de lo marroquí, con su marroquinidad y la definición de esta marroquinidad, a algo mucho más universal como es la moda occidental.


(INTERLUDIO: LECTURAS)

En las miniaturas, igual que en la literatura, los hombres musulmanes representaban una mujer tremendamente activa, mientras que Matisse, Ingres y Picasso mostraban siempre mujeres desnudas y pasivas. Los pintores musulmanes imaginan a las mujeres del harén cabalgando a gran velocidad, armadas con arcos y flechas y ataviadas con ropajes recargados. En las miniaturas musulmanas se muestra a la mujer como una compañera sexual evidentemente imposible de someter. Llegué a la conclusión de que los occidentales tenían razones para sonreír cuando evocaban su harén. ¡Qué idea tan extraordinaria, esta de encerrar a unas mujeres para disfrutar con ellas! Mientras los hombres musulmanes se sienten inseguros dentro del harén, ya sea auténtico (como los harenes imperiales, descritos en las crónicas históricas) o imaginado (miniaturas, leyendas, poesía), los occidentales se describen a sí mismos como héroes confiados sin miedo a las mujeres.

Fatema Mernissi, El harén en Occidente.


(EXTERIOR: LA MARCHA DE LAS GACELAS)

Caminar sola por la calle es exponerse.

Velada o no, casada o no, mirando o no hacia el suelo, ocurre que: pssst, ven acá, gacela, dame tu teléfono y te dejaré en paz, puta, qué te importa venir conmigo si te vas a ir con cualquiera. El roce de una mano, el coche que te sigue.

Ellas dicen: basta. Una página de facebook aglutina a miles de mujeres que quieren salir a la calle en un Slut Walk: una marcha de las putas contra el acoso sexual, una manifestación como las que se han hecho en muchas otras ciudades del mundo para dar a conocer el hartazgo.

Sus pancartas dicen: «Que quiera ligar no te da derecho a acosarme».


(INTERIOR: REVISTA DE PRENSA)

Un diario advierte:

En tiempos en que el culto de la delgadez predomina, hay jóvenes que luchan por ganar peso (…) Las jóvenes bien rellenas tienen más oportunidades de encontrar marido. Y todos los medios son buenos para conseguirlo (…) La mayor amenaza es la toma de medicamento sin receta médica (…) Su consumo provoca una redistribución del tejido graso que viene acompañado, a veces, de enfermedades graves como la diabetes, la hipertensión o la osteoporosis.

Otro dedica al himen una doble página a todo color.


(EXTERIOR: LA PARADA DE LOS MONSTRUOS)

Ciegos que se chocan con los carros de higos. Enormes tumores motivando a la limosna. Deformidades que recuerdan a catástrofes nucleares. El hombre de huesos torcidos. La mujer que solo puede avanzar arrastrándose como un animal herido. La extraña voz del moribundo.

Tampoco eso se guarda bajo llave. También eso es.


(CODA Y FIN)

Abdellah Taïa, novelista marroquí residente en Francia, declarado homosexual, insultado habitual, da una charla en una librería rabatí.

Alguien pregunta por el miedo.

Responde:

En este país no es fácil ser, ni como homosexual ni como heterosexual. Aún no nos pertenecemos por completo. Siempre hay alguien que dice saber mejor que tú quien eres. Quizá no todo el mundo se dé cuenta, pero cuando hablo de mi homosexualidad no estoy hablando de eso ni de mí. Estoy hablando de todos nosotros.  Y mientras sea así, ese miedo es algo que no puedo permitirme.

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