Revelación de jueves

El año pasado, cuando vine de viaje a esta ciudad que ahora anda en proceso de adoptarme, una tarde sin mucho rumbo encontramos uno de esos rincones secretos de los mapas -del que, por cierto, me habían hablado sin saber darme direcciones encontrables-. Allí, dejando pasar los minutos a un tiempo propio hice, casi como por descuido, una foto que iría a significar mucho para mí.

Es esa que vigila este blog desde sus subterráneos, la del gato que me sopla los escritos mientras se toma una siesta. Pasó a convertirse para mí en el símbolo de aquel viaje a París, de París mismo, del París en el que me había empeñado en querer vivir de cerca. Fue el distintivo de mi puerta en el colegio mayor, el aliciente de algunas tardes de baja forma. La ciudad que yo quería conquistar estaba entera allí, comprimida como un aleph de bolsillo entre las muchas páginas de la librería Shakespeare & Co.

Es por eso que os presento hoy la historia de mi particular negro soplón, mi gato negro que habla inglés con acento de gabacho. En Cafebabel -ese proyecto que me encanta y al que voy echando los cables que me permite mi agridulce relación con la lengua de Kafka-, hoy presentan, y con mucho gusto para mi ídem, los entresijos de ese aleph, las historias de su particular propietario, las propuestas que la casa lanza a la ciudad. Presentan hasta a mi gato de la guardia, que es por lo visto musa de muchos despistados más. No os lo perdáis, y perdeos dentro. A riesgo de que lo mismo cuando vengáis a verme ya no queráis quedaros en mi casa sino allí.

(…)La librería es un constante ir y venir de jóvenes de todas partes: Inglaterra, Irlanda, Polonia, Estados Unidos. “Somos estudiantes, escritores o viajeros sin dinero que nos quedamos aquí durante un tiempo”, nos cuenta Elisabeth, una estadounidense que está de viaje por Europa. “Vivo aquí durante unos días gracias a la hospitalidad de George”, el cuasi centenario que, desde su rincón, define el lugar como “una guarida de anarquistas camuflada de librería”. “A cambio de la hospitalidad echamos una mano en la cocina o ayudamos haciendo algún arreglo, apilando libros o fregando el suelo”, explica Anna, una joven inglesa. En cinco décadas, esta extraña y legendaria librería ha recibido al menos cuarenta mil huéspedes.

Subimos al piso de arriba. Un gato negro duerme plácidamente sobre un pequeño sofá. Al lado, un joven lee las dedicatorias que hay para George. Pedacitos de vida contados sobre un pañuelo de papel, en el reverso de una foto, sobre un billete de metro usado (…)

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Kitty perdida

[A MODO DE POSTDATA]

La última vez que me pasé por allí, hace un par de semanas, me encontre este cartel pegado a la ventana de la izquierda: se busca al gato de Shakespeare&Co, que se ha perdido. No me extrañó nada, obviamente este gato tiene muchos tejados que recorrer para cumplir su misión. No querrán que se quede ahí durmiendo siempre.

Mañana mismo me paso, no obstante, a ver si volvió. Que ya podéis ver que últimamente me llama poco a menudo.]

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