Es muy raro, muy muy raro, que yo abra un fwd. Algunas veces, no obstante, cuando el remitente me inspira confiaza y el asunto curiosidad, lo hago. Entonces es muy raro, muy muy raro, que llegue más allá de la primera línea de texto.
Hace falta, exactamente, algo tal que así:
Hola,
Estamos a punto e estrenar una película, LA LUNA EN BOTELLA, y (…)
Así, sí. Así, me recuesto y sigo: me gusta la gente con proyectos. Read More
Otra cosa que suele olvidársenos es que las piedras también se cayeron hacia este lado de la RDA. Si antes había dos bloques y después sólo uno, tuvo que haber sea dos bloques en reforma o una reforma en bloque. Es la ecuación número uno de la matemática interesada. Read More
Yo por aquel entonces tenía tres años y de muros no sabía mucho más que lo dañinos que les son a los triciclos. Ahora que ya sí que entiendo algo más, cuando veo todas esas celebraciones de aniversario de los mercantilistas de la libertad, me hace mucha gracia -humor negro que tiene una en vena- pensar como se les olvida lo que no se les debería olvidar. Read More
Quizá cuando el griego decía -y, es más, creía- que nadie hace el mal queriéndolo sino por desconocimiento, pensaba anacrónicamente en algo como esto. Los villanos, como todos en nuestros errores, no están eligiendo el mal. Quizá es eso lo que da más miedo de todo. Que en su particular algoritmo ético, eso que nosotros vemos negro estaba arriba en la escala del bien. Siempre fascina ese vértigo de relativismo.
Vamos, que si hay un documento que yo habría deseado encontrar, es este:
(..) En el maletín de piel de Lo Piccolo, considerado el heredero del jefe de jefes de la Cosa Nostra, Bernardo Provenzano, la policía ha hallado un texto, escrito a máquina y en mayúsculas, con el escueto y preciso título de Derechos y deberes.Read More
(He encontrado un nuevo divertimento. A medio camino de casi cualquier parte hacia la que vaya hay una tienda de discos de ocasión. He descubierto la diversión de hurgar entre los cajones de a un euro y llevarme aquello en lo que un nombre o una foto me seduzcan. Como soy de obsesiones fijas, ayer me hice con el album de unos tal Résonance porque se llamaba “Le Golem”. Y fue una de esas veces en que resulta bien. La foto, en Praga, aunque yo allí nunca llegué a encontrarme al perverso ni al gato del rabino.)
Javi, el matemático poeta, también me manda -además de proposiciones decentes y noticias de haberle salvado la vida a documentos- consejos de supervivencia.
El año pasado, cuando vine de viaje a esta ciudad que ahora anda en proceso de adoptarme, una tarde sin mucho rumbo encontramos uno de esos rincones secretos de los mapas -del que, por cierto, me habían hablado sin saber darme direcciones encontrables-. Allí, dejando pasar los minutos a un tiempo propio hice, casi como por descuido, una foto que iría a significar mucho para mí.
Es esa que vigila este blog desde sus subterráneos, la del gato que me sopla los escritos mientras se toma una siesta. Pasó a convertirse para mí en el símbolo de aquel viaje a París, de París mismo, del París en el que me había empeñado en querer vivir de cerca. Fue el distintivo de mi puerta en el colegio mayor, el aliciente de algunas tardes de baja forma. La ciudad que yo quería conquistar estaba entera allí, comprimida como un aleph de bolsillo entre las muchas páginas de la librería Shakespeare & Co.Read More
Para que no digáis luego que oficio de grouppie siempre de los mismos, a los que seguís por casa (la casa del norte) este puente largolargo (si es que queda alguien, que parece que todo el mundo se viene aquí! :p), os regalo una anotación de agenda. Os pasáis por el space de Carlos Siles, escucháis su canción nº0 y decidís que en efecto queréis fiaros de mí y estar el día tres a las ocho en la Calleja de la Ciega para dejar que este chaval os cante un poco al oído. No tendréis muchas más ocasiones, él suele subirse a escenarios más bien en Granada o Madrid, a Oviedo lo llevan por un rato, si no me equivoco, asuntos del cuore… Razón de más, por cierto, que los conciertos en ciudades fetiche suenan mejor.
Dicen que cuando los barcos están a punto de hundirse, los músicos son quienes se quedan en cubierta hasta el fin, amenizando la muerte. Por aquí ha pasado al revés: ante no sé qué clase de virus de mil patas que ha decidido atacar mi disco duro, la música se ha erigido en kamikaze y se ha autodestruido en rendición para avisarme de que algo malo estaba pasando antes de que la efermedad o iceberg alcanzara la carpeta de textos. Read More
Para mejorar un día que no ha sido tan bueno como acostumbran, recibo desde mi casa un correo con unas cuantas líneas escogidas de otro de los libros que debí traerme aquí: “París no se acaba nunca”, de Vila Matas. Y aunque podría copiar las citas que describen todos los cafés que debo recorrer (sí, esos son los deberes que me pone mi padre), prefiero contaros esta otra, un clásico de las coñas de mi familia, para que veáis la que me puede esperar 😉 Read More