Europa

(Columna publicada en el periódico El Comercio el 27/8/12).

Tomemos cualquier cosa. Por ejemplo, un tren.

Un tren en España, sabemos lo que es (aunque cabría recordar que la misma palabra sirve para el AVE y para la FEVE).
Un tren en Francia es un eficiente producto de lujo, porque el empeño de la alta velocidad ha alejado las vías de los bolsillos populares.
Un tren que va hacia Bulgaria lleva a casa a un hombre enamorado, que trata de ayudar a los turistas en su precario alemán de trabajador extranjero.
Un tren en Alemania tiene un bar muy bien surtido.
Si un tren descarrila en Grecia, podemos considerarlo una metáfora.
Un tren en Italia, un tren en Portugal, se parecen a un tren en España.
Los trenes del este conservan la antigua costumbre de no distinguir primera y segunda clase. En algunos otros lugares de este mapa, la división de los vagones suma una categoría de ‘superlujo’ y otra en la que se viaja sin sentarse.
Un tren en Turquía no es un tren: un tren en Turquía es un autobús que lleva a la frontera, porque aún se están construyendo las vías.
Un tren en Bélgica tiene megafonía en dos idiomas muy distintos.
Un tren en Holanda está lleno de personas con mochila.
Cuentan que, en Finlandia, los trenes llegan hasta donde nace la aurora boreal.
En un tren de Rumanía, un hombre posee un vagón. Pasea por él como por una casa, extraño anfitrión en movimiento. Su coche es diferente del que le sigue, diferente del que le precede: como diciendo que el «progreso» ha sido cosa de enlazar retales. Avanza en una inquietante línea recta por el trayecto que antes sacaba mercancías del país a través de los bosques. Se cruza con viejos vagones de cereales, abandonados en medio de campos sin cultivar.

Decimos a veces: «Europa». (Decimos «Europa» ahora, sin saber si es un rezo o es un temblor).

Pero, ¿de qué hablamos cuando decimos «Europa»? ¿Del rastro de una historia de encuentros y desencuentros? ¿De un pacto que se esbozó por miedo a la guerra y se perfiló bajo la bandera de una moneda? ¿De un deseo? ¿De un mito? ¿De un esfuerzo? ¿De un rapto?

Tomemos cualquier cosa. Por ejemplo un hospital, un plato de comida, un salario mínimo, una calle en la noche, una mujer, un sueño, un periodista, una constitución. Europa: si tanto tenemos que nombrarte, vamos a tener que intentar entender de qué manera se te invoca en cada idioma.

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